
Para la mayoría es conocido que el planeta está constituido por tres cuartas partes de agua, de hecho hay quien dice que nuestra “Tierra” debería llamarse en realidad “Agua”. Muchos repiten que el agua es vida, que hay que cuidarla. Pero la mayor parte del tiempo, esto solo queda en bonitas palabras.
Día a día podemos constatar cómo la gente no concibe lo vital del recurso. Hombres y mujeres que consumen más de lo que necesitan, que dejan abiertas las llaves mientras se lavan los dientes o realizan otras actividades, personas que lavan sus autos durante horas, u otras que en lugar de barrer las aceras las limpian con manguera.
Sí, el planeta tiene mucha agua. Pero del total del elemento existente, el 97% es salada y solo el 2,6% es dulce. De esta agua dulce el 70% está congelada en los casquetes polares y los grandes glaciares. Del resto, casi un 30% es agua freática o subterránea, los ríos y lagos tienen un poco más del 1%. Para decirlo de otro modo apenas un 0,001 % del agua del planeta es dulce y disponible para el ser humano.
Esta es una gran preocupación para todos. Sobre todo para lo gobiernos seccionales, quienes son los encargados de garantizar el acceso a este servicio, con la más alta calidad y pureza, más aún en tiempos de gran incremento poblacional en los centros urbanos y con menos acceso a fuentes naturales del líquido.
En este contexto la Alcaldía del Distrito Metropolitano de Quito, la Corporación de Salud Ambiental “Vida Para Quito”, la Empresa Municipal de Alcantarillado y Agua Potable (EMAAP-Q), el Fondo de Salvamento del Patrimonio Cultural (FONSAL), y el Museo de la Ciudad juntaron sus esfuerzos e iniciativas para crear Yaku Parque Museo del Agua, un espacio concebido para el conocimiento, la valoración, la apropiación y el disfrute de este patrimonio vital.
Este museo se inauguró el pasado 6 de Diciembre y, desde esa fecha, más de 56 mil personas han visitado sus diversos espacios, llevándose consigo una nueva visión del elemento, conociendo sus propiedades físicas y químicas, entendiéndolo como generador de vida y como compañero de la humanidad desde tiempos remotos.
Yaku ofrece una nueva forma de aprender, desde la lúdica, desde el juego, el arte y la ciencia, pero de un modo interactivo. No es un museo tradicional. El visitante se sumerge y empapa de una experiencia intensa, llena de vida, donde los re-creadores (guías), proponen un nuevo tipo de aprendizaje. En este museo es el propio asistente quien saca sus conclusiones, quien determina la formación de su conocimiento. Es él mismo quien, desde sus saberes anteriores, propone cambios de actitud y afecto con respecto al líquido vital. Sobre todo son los jóvenes quienes han desarrollado compromiso y entendimiento con respecto al agua. Varios son los casos donde los niños hacen caer en cuenta a sus padres del desperdicio y falta de conciencia que se tiene en los hogares.
Entre los espacios preferidos por los visitantes se encuentra la ya famosa Sala de Burbujas, donde el público de todas las edades se familiariza con el agua, la vive y disfruta como en la infancia. No es difícil encontrar abuelos compartiendo las sonrisas de sus nietos y divirtiéndose como lo hicieron en otros tiempos. Las personas observan fascinadas la máquina para hacer nubes, el espejo y el pizarrón mágicos, la máquina de tornados, entre otros.
Mas hay otros que simplemente disfrutan de la vista. Las fuentes de agua y el paisaje que propone el museo son atractivo más que interesantes. La tradición oral nos cuenta que en este sector se ubicaban baños ceremoniales y de purificación del Inca Atahualpa (cerca de La Chorrera, cascada natural ubicada en el Pichincha). Algunas versiones sostienen que al lugar se lo conocía como ‘las casas del Placer del Inca’, de donde se habría conservado la nominación del barrio.
En 1913 se instalaron allí los primeros tanques de recolección y purificación de agua, que proveyeron del elemento a la antigua ciudad; aún hoy este es el lugar desde el cual reciben el líquido vital una parte del Centro Histórico y de la zona sur de la ciudad. Estos tanques se constituyen actualmente en el museo de sitio de Yaku.
Otro de los elementos de especial interés es la sala “Agua llega a mi casa” un proyecto museológico que nos plantea reflexión y conocimiento sobre el manejo y uso público del agua en Quito. Esta exposición, en la forma de una maqueta gigante inmersible, convoca a personas de todas las edades a comprender la trayectoria del agua, desde sus fuentes naturales, tratamiento, consumo y disposición final.
Una gran montaña con su cumbre nevada, un riachuelo y la recreación del páramo, reciben al visitante en el inicio del recorrido. Más adelante, se muestra el proceso de captación, conducción , tratamiento y distribución del agua a la ciudad. El agua que sale de la planta de tratamiento, gracias a una red de distribución, llega a nuestra casa. A partir de este momento el uso que se haga de este recurso vital pasa a ser responsabilidad del ciudadano. Ese mensaje es el que cierra el recorrido. Un mensaje plasmado en varias actividades, como la del “cuentagotas”, que nos proporciona la dimensión del desperdicio que produce una llave mal cerrada.
Junto a ello todos los domingos a las 11h30, Yaku Parque Museo propone una oferta cultural, que en este segundo semestre del año, se compone de la obra de títeres “Agua” del grupo Titerefué y Titiritainas, además de una serie de mini conciertos a cargo del cantautor Ricardo Williams.
Desde su apertura el museo ha registrado una constante afluencia de personas, reservaciones y visitas de grandes grupos escolares y familiares. Esto da cuenta de la importancia de este tipo de espacios para la educación ciudadana permanente y de la importancia de ofertar alternativas de calidad para el uso de tiempo libre, para los quiteños y ciudadanos de todo el Ecuador.
El agua es un recurso vital que debemos valorar, pero no solamente porque se encuentra en riesgo, sino porque nos posibilita el desarrollo de nuestra vida, todos los días, a toda hora.
Por: Ricardo Gutiérrez C.